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gotas fundiéndose en la noche estrellada
en tus ojos veo mi reflejo
y el brillo de mis ojos me ciega
y ya no sé si te miro o me miras,
o miramos los dos la intima cercanía que nos habita.
en el cuello tibio donde coincide tu nariz o la mía,
tu aliento o el mío,
siento la profundidad de tu súplica,
respiro la liviandad del aire que nos ensancha.
mis brazos se dilatan
sobre tus hombros oscilantes.
erguido sobre tu piel,
tu pecho frágil entre mis manos húmedas,
abandonamos anhelantes el umbral del tacto
y nos desvanecemos.
caemos
caemos,
retornamos por instantes al origen de la vida,
somos dos gotas unicelulares
en el cálido caldo cósmico donde todo comienza,
donde todo es esperanza,
donde una leve libertad
emerge de tu tibia piel iluminada.
dos gotas transparentes
fundiéndose en la noche estrellada,
ascendiendo,
indecisas,
sobre el rayo de luna
que entra desprevenido por la ventana.
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