:: boletín virtual escrito por el poeta hugo cuevas-mohr ::     
 
marzo 2006
 
 

:: Santa Teresa de Jesús ::  la poesía de las carmelitas descalzas...

Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero / que muero porque no muero.
Teresa de Cepeda y Ahumada nació en la ciudad de Ávila, España, el 28 de marzo de 1515. Su padre fue Alonso Sánchez de Cepeda - quien tuvo tres hijos de su primer matrimonio, y su madre, Beatriz Dávila de Ahumada - que le dio otros nueve hijos. Teresa fue la tercera de este segundo grupo de hijos. Teresa siempre habló con gran cariño al referirse a sus hermanos y medios hermanos: "por la gracia de Dios, todos se asemejan en la virtud a mis padres, excepto yo".
Vivo ya fuera de mí / después que muero de amor, / porque vivo en el Señor / que me quiso para Sí. / Cuando el corazón le di / puso en él este letrero: / que muero porque no muero.
Santa Teresa de Jesús o Santa Teresa de Ávila, como se le conoce, ya tenía a los 7 años, una gran predilección por la lectura de las vidas de santos. En una ocasión, escapó de su casa junto a su hermano Rodrigo, “en busca de martirio” – la intención era irse a tierra de moros “a defender la religión” pero fueron impedidos en su intento. A los 14 años fallece su madre, lo que la afecta profundamente. Ella escribe: "En cuanto empecé a caer en la cuenta de la pérdida que había sufrido, comencé a entristecerme sobremanera; entonces me dirigí a una imagen de Nuestra Señora y le rogué con muchas lágrimas que me tomase por hija suya". A los 15 años, es obligada por su padre a ingresar en el convento de Santa María de Gracia alarmado por las lecturas de libros de caballerías de su hija, su coquetería y belleza y su inusitado gusto por ropas y modas del momento. Pero se enferma un año y medio más tarde, y su padre se la lleva de vuelta a casa. Teresa empieza a reflexionar seriamente sobre la vida religiosa que por una parte le atraía, pero le repugnaba también. Las "Cartas" de San Jerónimo finalmente la convencieron
Esta divina prisión / del amor con que yo vivo / ha hecho a Dios mi cautivo / y libre mi corazón; / y causa en mí tal pasión / ver a Dios mi prisionero, / que muero porque no muero.
El tres de noviembre de 1534, a los 19 años de edad, entró de novicia en el convento de la Encarnación de Ávila, a escondidas de su padre que inicialmente se opuso fuertemente. Pero vuelve a caer gravemente enferma y su padre la lleva a tomar baños minerales: aparecen los primeros síntomas de sus neurosis. En 1537, sufre un ataque de parasismo, y durante dos años estuvo paralítica. Teresa consiguió superar la dura enfermedad, gracias al regalo de un libro por parte de su tío Pedro, que era muy religioso: "El tercer alfabeto espiritual", un librito del Padre Francisco de Osuna. Teresa siguió las instrucciones del Padre y empezó a practicar la oración mental, una forma de meditación mística que Santa Teresa fue desarrollando intuitivamente a través de su vida.
¡Ay, que larga es esta vida, / qué duros estos destierros, / esta cárcel y estos hierros / en que el alma esta metida! / Sólo esperar la salida / me causa dolor tan fiero, / que muero porque no muero.
Su amabilidad y caridad, su gran encanto personal, le atraían más y más visitantes al convento y Teresa pasaba gran parte de su tiempo charlando en el recibidor. Su fe se debilita y siente que la causa de su frialdad religiosa – alejarse de sus oraciones - proviene de su frecuente trato con visitantes. También justificaba su descuido de la oración mental, lamentándose que sus enfermedades le impedían meditar. Sin embargo, luego escribiría Santa Teresa: "el pretexto de mi debilidad corporal no era suficiente para justificar el abandono de un bien tan grande, en el que el amor y la costumbre son más importantes que las fuerzas”. Regresa con fervor a sus oraciones y en sus meditaciones comienza a tener experiencias místicas intensas que ella narra muy sencillamente en su biografía. Santa Teresa no parece haber tenido maestros que le enseñaron el arte de la oración mental y la meditación, y sus procesos de introspección nacieron en ella, guiados por su intuición y devoción. Al profundizar en sus experiencias místicas, Dios empezó a visitarla con visiones y comunicaciones interiores.
iAy, que vida tan amarga / do no se goza el Señor! / Porque si es dulce el amor, / no lo es la esperanza larga: / quíteme Dios esta carga / más pesada que el acero, / que muero porque no muero.
Pero, a pesar de no querer ella contar sus experiencias, estas comienzan a saberse, por los estados de abandono corporal – posiblemente levitaciones – y comienza a ser atacada por unos (por demencia, posesiones demoníacas o pretensiones de notoriedad) y defendida por otros. Todo esto la martiriza y la aleja del qué dirán de la sociedad local. Toma la decisión de encerrarse, de dedicarse más a la oración y la austeridad y decide reformar la orden del Carmelo, a la cual pertenecía, y fundar un convento de monjas descalzas y enclaustradas, en el mismo pueblo de Avila. En su empresa encuentra grandes dificultades, pero tuvo la ayuda de una de sus hermanas, de parientes, de varios piadosos y algunos religiosos.
Sólo con la confianza / vivo de que he de morir, / porque muriendo el vivir / me asegura mi esperanza. / Muerte do el vivir se alcanza, / no te tardes, que te espero, / que muero porque no muero.
Con fe y disciplina logra seguir adelante y Roma le aprueba su nueva orden. Comienza la apertura de nuevas sedes, todas muy austeras, donde reinaba el trabajo sencillo, la oración mental, la meditación. Teresa había encontrado en Medina del Campo, sede de su segundo convento, a dos frailes carmelitas que acogieron las reformas de la orden: uno era Antonio de Jesús de Heredia, superior del convento de dicha ciudad y el otro, Juan de Yepes, quien se convertiría en San Juan de la Cruz. Teresa fundó con su ayuda un convento de frailes en el pueblecito de Duruelo en 1568 y luego San Juan se encargó de la apertura de nuevas comunidades.
Mira que el amor es fuerte; / vida, no me seas molesta, / mira que sólo te resta, / para ganarte, perderte. / Venga ya la dulce muerte, / venga el morir muy ligero, / que muero porque no muero.
Santa Teresa trabajó arduamente el resto de su vida en la apertura de más de 17 comunidades religiosas donde se esmeró por escoger a novicias inteligentes y maduras, para luego inculcarles el sentido de la austeridad, la humildad, la disciplina y el servicio al prójimo y devoción al señor. Teresa muere en Alba de Tormes a los 67 años, a las nueve de la noche, el 4 de octubre de 1582. (Por el cambio al calendario gregoriano esta fecha cae el 15 de Octubre, día de Santa Teresa).
Aquella vida de arriba, / que es la vida verdadera, / hasta que esta vida muera / no se goza estando viva. / Muerte, no seas esquiva; / viva muriendo primero, / que muero porque no muero.
En la actualidad, las carmelitas descalzas son aproximadamente 14.000 en 835 conventos en el mundo. Los carmelitas descalzos son 3.800 en 490 conventos. En 1614 fue Beatificada por Pablo V y en 1622 fue Canonizada por Gregono XV.
Vida, ¿que puedo yo darle / a mi Dios que vive en mí, / si no es perderte a ti / para mejor a El gozarle? / Quiero muriendo alcanzarle, / pues a El solo es al que quiero. / que muero porque no muero.
Sus principales obras son en prosa: Camino de perfección (1565), dirigida a sus compañeras monjas; El libro de su vida (1588), su Autobiografía; y Las moradas o Castillo Interior (1588), tratado doctrinal de sus experiencias místicas. Sus poesías, fueron compuestas en momentos de gran ardor místico, por lo cual ella decía que la Divinidad se las inspiraba. Muchos cantos han sido inspirados en sus versos. De estos presentamos aqui dos versiones del poema que presentamos en la biografía; la primer versión de " Vivo sin vivir en mi, musicalizado por el " Padre Eusebio Gómez Navarro, carmelita descalzo, español, interpretado por la exquisita voz de Fernando Gómez, del album " Pon amor. La segunda versión es de Claudia Castillo Silva, una compositora e interprete chilena de la cual no hemos conseguido información pero que tiene todo un CD, con temas muy bien logrados, dedicado a Santa Teresa:" Vivo sin vivir en mi .
Tenemos tres versiones de "Coloquio de Amor", un precioso poema en que Santa Teresa escribe un diálogo entre el alma y dios; la primera versión es también de Claudia Castillo Silva. Escuchen de ella su versión, pausada y profunda de Coloquio de Amor. La segunda versión es la que realizamos, la compositora cubana Ana María García, con arreglos de Massimiliano Agelao, recitado por mi, Hugo Cuevas-Mohr. La voz masculina la hace Mauricio Gómez del Grupo Musicalizando:Coloquio de Amor. La tercera versión del album "Pon Amor" del Padre Eusebio Gómez Navarro tenemos Coloquio de Amor, musicalizado e interpretado por " Carmen De Jesús Escandón, una cubana de linda y tierna voz, que se inicio en la nueva trova en su juventud en la Isla y que entró de lleno a la música religiosa años más tarde en los Estados Unidos.


Un artículo interesante de Dennis Quirós titulado Del logocentrismo a la otra lógica nos muestra una faceta interesante de Santa Teresa y su poesía, desde el punto de vista del uso de imágenes y palabras contrapuestas.

Regresar al Boletín