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La poesía a través de todos los tiempos ha estado muy cerca de la espiritualidad...
Aunque algunos poetas no lo reconozcan, su poesía es de una forma u otra, una búsqueda, un camino, que por encima puede ser “literaria”, pero en el fondo es espiritual. Puede ser que no toda la obra de un autor pueda ser "una búsqueda espiritual", digamos que ciertos poemas, para no ser tan categóricos - aún sabiendo que la obra de un poeta, a través de sus diferentes fases, debe verse como una sola. Es solo en su conjunto que puede verse la complejidad de la búsqueda poética – y espiritual – de un poeta. Y todos la tienen. Pero no es mi interés en este artículo explorar la búsqueda espiritual de ninguno de los grandes poetas aunque no niego que me atraería la búsqueda del poema más espiritual de Neruda, de Lorca, de otros. Menos quiero analizar la espiritualidad en la poesía de poetas españoles místicos, algunos elevados a santos por la iglesia, como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús. Un artículo interesante de Dennis Quirós nos muestra una faceta curiosa de Santa Teresa y su poesía desde el punto de vista del uso de imágenes y palabras contrapuestas.
Yo quiero hablar de la poesía y la espiritualidad, de la que vivimos los que buscamos escribiendo, metidos en nuestras vidas - abiertas o encerradas, en nuestros trabajos - aburridos o vitales, en nuestros hogares - debilitantes o vigorizantes, los que buscamos una ventana, una luz, un trascender, al escribir. Podria ser igualmente al componer o interpretar música, pintar, esculpir. De la espiritualidad en la poesía. De la espiritualidad en el arte. Y si vivir es un arte... de la espiritualidad en la vida..
Y voy a partir de mi propia experiencia y esto me tomará este artículo ( I ) y el siguiente ( II ).
La poesía como búsqueda Comencé a escribir en un momento difícil de mi vida, el alejamiento de mi familia, de mi madre sobretodo, al partir a estudiar lejos, al noreste de los Estados Unidos, en un mundo diferente, tan lejano al mío que el golpe hizo que comenzara largos escritos llenos de dudas y lamentaciones. Pero era imposible para mí mostrar lo que escribía, el compartir esa intimidad de debilidad y miedos era imposible. Busqué, cuando logré calmar mis emociones, escribir cuentos cortos, describir personajes que dijeran o mostraran mis debilidades sin exponer mi piel y menos mi corazón. Eran fachadas, disfraces, cuentos muy pobres, sin fundamento, sin dirección.
Fueron muchos años después que encontré la poesía y no recuerdo exactamente cómo. Estaba en Bélgica, luego de un segundo rompimiento y partida de Colombia, otra vez solo, pero por primera vez conciente y extrañamente seguro que era un camino que debía recorrer.
Y los primeros poemas se fueron dando. Ya traía pequeños intentos en hojas libres y por primera vez los fui re-escribiendo, trabajando, puliéndolos. Pero solo la lectura de uno de esos seres especiales que te pone la vida en el camino - y sus cuestionamientos, era sicóloga, qué más decir – hizo que mis poemas empezaran a ahondarse un poco bajo la capa de piel protectora de mi coraza, labrada con años de emocionalidad controlada, de calidez custodiada, de incapacidad de amar y compartir. Como te agradezco.
Mirando ahora con la retrospectiva del tiempo no puedo decir que profundicé mucho en el primer libro“
impresiones”, ni “en el andén”; tampoco en
“de puerta en puerta” donde busqué a través de las puertas, abrirme y remover algunos ladrillos de la muralla con que defiendo mi alma. Valdría la pena leer con la óptica de este tema, los poemas que escribí hace años. Pero sé que no lo haré; mirar el pasado de mi poesía es supremamente difícil.
Luego vino el tercer rompimiento y partida de Colombia, esta vez una salida apresurada, violenta, una adaptación forzada a una nueva realidad en los Estados Unidos con familia a bordo, con la soledad compartida..
Antes de partir había comenzado a aprender lo que era ser esposo, compañero. Había iniciado el camino del compartir en matrimonio y era apenas un aprendiz, inseguro y sudoroso, me sentía un actor improvisado de diferentes papeles insuficientemente aprendidos… Había sido papá y la mirada de mi niña, expectante, me perseguía por la casa y se iba conmigo al trabajo. Había conocido Avance, unos seminarios dictados por María Clara Arbeláez, que nos dieron, a mi esposa y a mi, una luz, una guía para iniciar nuestro acercamiento emocional. Nacieron los poemas de “en nuestra casa”- que demoraron años en editarse - y en algunos poemas logré ser mucho más consecuente con lo que dentro de mí, mi corazón y mi alma incógnitamente buscaban expresar.
Vino luego “más allá del mar” (por publicarse) y logré adentrarme en la nostalgia, en la realidad de tantos de nosotros desplazados culturalmente por un mundo globalizado, en la desazón de querer ser mejores seres humanos, mejores hombres, mejores mujeres…
Ahora, mi búsqueda, a través de una serie de coincidencias ha entrado a una nueva fase, un nuevo momento. Y digo coincidencias livianamente, ya que cada coincidencia en nuestra vida es para mi una señal, una puerta que nos abren aquellos que nos apoyan y nos empujan desde otras dimensiones, llamémoslos ángeles, llamémosle dios, maestros, seres de luz, energías cósmicas… o llamémosle coincidencias también. Suerte.
Siempre he luchado por quitarme las máscaras, los antifaces, dejar de un lado los papeles, las livianas actuaciones, especialmente cuando escribo. Ser honesto. Siempre he sido conciente de la estrecha relación entre ser y escribir. Y esa lucha de ser siempre ha estado viva: el querer ser mejor compañero de mis seres queridos, ser más respetuoso de sus necesidades y sentimientos; el descontento con las carreras diarias y la vida limitada al sostenimiento material; el no agradecer con pleno compromiso lo que la vida nos da; la falta de tiempo para mi alma; los errores y exasperaciones frente a los demás, la competitividad que se manifiesta a cada paso. Y se fue llenando mi cántaro y su peso dobló el hombro que lo cargaba. Tuve que detenerme y ponerlo en el suelo.
El pasado diciembre le dije a mi familia que lo único que quería de navidad era la oportunidad de tomarme un retiro, una semana de absorción total, de meterme dentro de mí, pensar, meditar, replantearme. Un retiro espiritual. Y me puse a la búsqueda de cómo, de dónde. Internet, revistas, algunos pocos amigos - iluminados ellos - llamadas, correos. Y encontré a Ananda.
Ananda
Ananda es un espacio construido con fe y devoción, a la memoria de uno de esos raros profetas que pasan de tanto en tanto por la tierra y que algunos logran ver, aceptar. Paramahansa Yogananda, un yogui hindú de principios a mediados de siglo, desconocido para mi hasta ese momento. Un aprendiz suyo, un americano de nombre J. Donald Walters, hoy re-bautizado Swami Kryananda, luego de tres años con el maestro y después de su muerte decidió dedicar su vida a su mensaje, a difundir su obra, a su propia búsqueda espiritual interiorizando y tratando de poner en práctica las enseñanzas de Yogananda. Seguidores hay muchos; los hay en todos los continentes y la SFR – Self-Realization Fellowship - ha publicado y difundido con vehemencia el don espiritual del maestro desde una óptica más conservadora por darle un calificativo. La SFR tiene varias sedes en todo el mundo (Argentina , Australia , Austria, Brasil , Canadá , Chile , Colombia, Cuba , Republica Dominicana , Francia, Alemania, India , Italia, Malasia, México , Nueva Zelanda , España, Suiza, Reino Unido).
Su propia biografía, la “Autobiografía de un Yogui” se ha editado en más de 20 lenguas y la cantidad de libros y ediciones, re-ediciones, va en los millones.
No la he terminado. La tengo aquí a mi lado mientras escribo. De la portada, Yogananda me mira y sonríe. Estoy inmerso en las primeras páginas de su vida como un niño que descubre una historia que quiere devorar, un buzo que quiere verse inmerso en un fabuloso arrecife de coral y se rehúsa a salir a respirar, un montañista que ve la cumbre de la cima que ha querido siempre escalar y no quiere detenerse, ni descansar.
Una biografía de Yogananda está aquí: Yogananda
Vengo de Ananda. Vengo de una semana en esta comunidad en las montañas de California donde le he dado a mi alma el mejor regalo que le pude haber dado desde el momento que entró en mi cuerpo para acompañarme en esta jornada. Veo hoy que mi alma ha sido paciente conmigo esperando tantos años. Mi cuerpo ha sido paciente también. Pacientes con mi mente divagante, mi corazón egoísta y aprensivo, mi voluntad inestable y cohibida.
Vengo de Ananda, de días de introspección, largas meditaciones donde he puesto a prueba mi voluntad, donde me he cuestionado las delicadas fibras de mi humanidad, escarbado mis dolores, mis miedos, temores, perdonado mis errores, omisiones, indecisiones. He limpiado mi cuerpo, soltado nudos que venían oprimiendo mis músculos contra los huesos, revitalizado fibras que habían olvidado su existencia ante la imposibilidad de ser y de crecer. He respirado un oxigeno nuevo, claro, limpio. He percibido muy dentro una luz cristalina, expansiva, energizante.
Sé que es solo el comienzo. Ni siquiera es la puerta. Es la ilusión de la puerta quizás. No sé para dónde me llevará este camino. Sé que ésta es solo una primera jornada y que dejo en esta página solo la primera gota de un riachuelo que ha llegado a la superficie y comienza a rodar por entre piedras, raíces, hojas, en busca del mar. Un largo camino me espera.
... seguirá...
Hugo Cuevas-Mohr, 2006
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