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| Contagiaste mi vida del ensueño ferviente que nos pone en el alma la nostalgia de amar; contagiaste mi cuerpo de un delirio inquietante, contagiaste mis labios del anhelo sensual! Me enseñaste el secreto de las horas ardientes en un ritmo de besos y voluptuosidad: y después me dejaste con el alma en silencio sola y triste a la vera de un florido rosal! toda llena de ensueños, de ilusiones, de anhelos, de caricias inciertas, de pecado y de mal! Y después me olvidaste, y después me dejaste con el alma impregnada de una sed de adorar, de esa sed misteriosa que palpita en el pecho cuando hay vida, y la vida no se quiere escapar! y una tarde riente, bajo el sol incitante, me cansé de ser buena, me cansé de llorar, me canse de esperarte con el alma en silencio y tras de una caricia me escapé del rosal! |
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